La parroquia de la Divina Providencia, así como nuestra Iglesia en general, se mantiene en constante renovación. Es por ello que deseamos presentarles, a través de este medio, uno de los avances en los que se ha trabajado en los últimos meses, y que consideramos un paso fundamental para nuestra comunidad: nuestro logotipo.

Hablar de la Providencia de Dios no es sencillo, y plasmar en una imagen lo que significa es aún más complicado, puesto que la Providencia es una característica que atribuimos a la Santísima Trinidad (Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo), pero que relacionamos más directamente con Dios Padre… Y hablar de Dios Padre tampoco es fácil, y menos en estos tiempos en que la figura del padre se encuentra en crisis.

Por lo anterior, no podemos abordar toda la riqueza de nuestra espiritualidad providencialista en un “dibujo”, sería imposible y pretencioso si así lo quisiéramos. Sin embargo, en este pequeño y muy sencillo logotipo, quisimos plasmar los elementos más importantes que nos identifican como parroquia, dentro y fuera de nuestra Iglesia.

1. La Cruz Trinitaria Parroquial
Para poder comprender lo que simboliza nuestro logotipo, debemos hablar primero de la cruz trinitaria, aquella que vemos al centro del templo parroquial.

Como toda imagen de veneración, nuestra Cruz tiene su historia. Los elementos que la conforman tienen su origen en nuestra advocación, y también de otras imágenes ya hechas. Nuestro signo viene, principalmente, de la Cruz de la Unidad del movimiento de Schoenstatt. ¿Y por qué de esta cruz? Precisamente porque los símbolos que Schoenstatt toma para este signo, tienen que ver con la espiritualidad de la Trinidad y la Divina Providencia, y estos elementos forman parte de la nuestra.

A continuación los vamos a explicar.

Comunión
“Que todos sean uno, como Tú, Padre, y yo somos uno” (Jn, 17-20-22)

Nuestra Cruz es una unidad. Podemos decir que es “el Cristo filial, íntimamente unido al Padre; el Cristo paternal, íntimamente unido a los hombres; el Cristo comunitario, íntimamente unido a su Iglesia”, por ello nuestra cruz nos invita a la Comunión a ejemplo de la Trinidad, a ser una comunidad de hombres unidos entre sí: como hermanos, como hermanos en Cristo Jesús, como hijos de Dios.

Pero la comunión no sólo es entre los hombres. “La tarea de Cristo en la tierra es restablecer las relaciones entre Dios y los hombres, sellar la Alianza definitiva. Después del pecado cometido por nuestros primeros padres, se han roto las relaciones, y Dios comienza a restablecerlas de a poco, mediante alianzas provisorias con el Pueblo de Israel, pero la Alianza definitiva y eterna la viene a sellar Cristo”, esa Alianza que nos vincula, es decir, que nos une nuevamente con el Padre.

“Es por ello que nuestro Cristo es el Cristo que está entre el Padre y los hombres; el Cristo que está atando el cielo con la tierra”, el Cristo que nos vincula con amor al Padre.

Aquí nos encontramos con el primer elemento de nuestra espiritualidad, que es la Trinidad: “La misma Santísima Trinidad podemos describirla como un organismo de vínculos divinos: El Hijo es vínculo de Amor al Padre, y el Padre, pura vinculación de donación al Hijo; y el Espíritu Santo es como el vínculo subsistente, personalizado de amor entre los dos. Dios es vínculo. La Santísima Trinidad son tres vínculos vivos de amor”.

Cristo viene a sellar una alianza entre Dios y los hombres, porque Dios es alianza y es comunión. Por eso quiere también vivir en alianza, en unión, en comunión, es decir, en vinculación con los hombres, y por consecuencia, los hombres viven en, con, y por la misma comunión.

Filialidad
De la comunión (vinculación) nace la Filialidad. Por la comunión de Cristo con su Padre, nace la actitud filial. Y esa misma actitud se impregna en nosotros. Así como Cristo se siente Hijo de Dios, los hombres queremos sentirnos y vivir como hijos de Dios. Y por esta Filialidad, queremos, a ejemplo de Jesús, hacer la voluntad del Padre como él la hizo. De este elemento se desprende otro que queremos integrar a nuestra espiritualidad: la FE práctica en la Divina Providencia.

La Fe práctica en la Divina Providencia “es la actitud práctica en que debe manifestarse la actitud del hijo”. Cristo aparece en el Evangelio como aquel que dice: “Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y completar su obra”. Lo único que Cristo busca es amar al Padre, agradarlo cumpliendo su voluntad.

La Fe práctica en la Divina Providencia es para nosotros un rasgo clave en nuestra espiritualidad, porque es la forma concreta en que podemos hacer vida ese anhelo de Cristo. Mediante la Fe práctica en la Divina Providencia nos asemejamos a aquél Cristo que anda buscando la voluntad de su Padre a través de todos los signos en los cuales se pueda manifestar. La Fe práctica en la Divina Providencia es la “manifestación de una auténtica actitud filial”.

También de esta Filialidad a Cristo y al Padre, surge “el reconocerse primero cada uno hijo del Padre común”. Si nos sentimos hijos del Padre común nos podemos reconocer como hermanos. Por eso, lo primero para Cristo es mostrar al Padre. Que nos sintamos hermanos es consecuencia”

Juan Pablo II en el documento de Puebla destaca la dimensión vertical hacia Dios. Esto es lo decisivo, es la base. Es como el madero vertical de la cruz, que es el que sustenta al horizontal. Las dos son dimensiones fundamentales de la Cruz de Cristo: El amor a Dios y el amor al prójimo son los dos grandes mandamientos. Pero uno, “el amor a Dios, el amor al Padre, es la raíz del otro”, y es de este mandamiento, de esta doble dimensión, como dice el Papa, que nace la Filialidad.

Sólo sintiéndonos verdaderamente hijos de Dios, lograremos luchar día a día por agradarle, por conquistar su corazón, por serle fiel, por hacer su voluntad, como Jesús.

Y en esta actitud filial, también vemos la actitud del Padre que cuida de sus hijitos, los ama, y los procura. Del Padre que desea que sus hijos vivan. “Esta visión nos la muestra Cristo, el Cristo vinculado hacia arriba, este Cristo, que se hace uno con el Padre, y a su vez, se convierte también en reflejo de la paternidad de Dios, hacia abajo, hacia los hombres”. Es el padre que nos entrega a su Hijo único, para que los hombres podamos ser salvados, para que podamos vivir y amar. Es el Padre que nos da la vida misma en Cristo Jesús.

En nuestra cruz aparece Cristo íntimamente unido al Padre e íntimamente unido a los hombres, muriendo por ellos. La Obra es la cruz. La tarea de Cristo era redimir. Aquí está culminando la Obra. La Cruz es la Obra consumada. “Todo está consumado” dice Jesús antes de expirar. Es el Cristo fiel al Padre, fiel a los hombres, pero también fiel al trabajo que se le encomendó, a la tarea que tenía que hacer en la tierra: redimirnos. “La Cruz es el símbolo de la Obra fielmente llevada a cabo, hasta el final”. La cruz es el ejemplo del máximo cumplimiento de la voluntad de Dios.

2. El logotipo de la Divina providencia y Trinitario
Ya que hemos conocido la Cruz Trinitaria de la Providencia, podemos entonces hablar de nuestro logotipo. Como sabemos ahora, la espiritualidad de esta parroquia está basada en la Trinidad y en la Fe práctica en la Divina Providencia, y nuestro logo aborda de manera sencilla pero muy simbólica, estos dos elementos.

La Cruz
Desde luego que la cruz aparece en nuestro logotipo, primero, porque es de la misma forma que la que vemos en la cabecera parroquial, y al verla, nos refiere a ella. También no puede faltar en nuestro logo porque es la cruz que simboliza a Cristo y su tarea fundamental: nuestra salvación. Y por esta tarea, la parroquia trabaja día con día.

La Familia
También aparece la familia. Aquella que deseamos ser en nuestra Iglesia, en nuestra parroquia, a ejemplo de la Santísima Trinidad.

La familia simboliza la unidad entre los hombres, entre los servidores de esta parroquia. Simboliza la Comunión y la Comunidad.

Esta familia nos recuerda la comunión y la filialidad que explicamos líneas arriba. Se encuentra ubicada debajo de la Cruz porque como familia queremos caminar con Jesús y participar de su Cruz, queremos compartirla con él. Sabemos que Cristo es el centro de nuestra misión, de nuestra vida, y por él, vamos al Padre. Y por él, el Padre tiene misericordia y amor por nosotros.

El Círculo
Este círculo no es un círculo común, es un círculo en tres partes. Con ello queremos hacer alusión a nuestra espiritualidad Trinitaria: El padre, el Hijo y el Espíritu Santo que velan por esta comunidad. Es un círculo porque sabemos que Dios no tiene principio ni fin, es el Alfa y el Omega.

Los colores
Los colores que manejamos en nuestro logo son tres:

El blanco nos habla de la pureza, de la paz, de la comunión, signos que se desprenden de vivir en comunión con Dios, y de sentirnos hijos de Él. Estos signos nos son dados a través del Espíritu Santo y son signos que como hijos de la Providencia estamos dispuestos a vivir, porque sabemos que con ello agradamos a nuestro padre Dios.

El color Dorado nos remite a la realeza de nuestro Padre Dios, a la realeza de Cristo, “Rey de Reyes”, nos habla de la majestad de nuestro Señor “Rey de los cielos y la Tierra”.

El color púrpura, que también se usa en la realeza, nos habla de la sangre derramada por Jesús, y que ahora es la que nos da vida en abundancia. Simboliza la sangre derramada por el “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”.

Este es el contenido, a muy grandes rasgos, de lo que este sencillo pero muy sentido logo, desea expresa al interior y exterior de la Iglesia. Ojalá que sabiendo su significado, cada vez que lo vean, puedan ver en él la presencia de Dios.

Nota: Todas las citas fueron tomadas del folleto
“La Cruz de la Unidad, historia y significado”
del padre Hernan Alessandri.
Editorial Schoenstatt